Imprimir esta página

Carmen, de Tarragona

Escrito por  Fernando Terán
Carmen, de Tarragona

Entre todas las artesanas que hoy pasaron por el Aula estaba Carmen; recuerdo que era rubia, que me llamo la atención su perfume, que era tarraconense y tenía una prima o una hermana que se llama Rosita.

Carmen, al igual que el resto de invitadas vestía un ajustado traje de aluminio que ocultaba su cuerpo de cristal y sus señas de identidad. Por eso, de ese primer contacto sólo me acuerdo que apenas tuve tiempo de observar su finísima espuma blanca antes de que se volatilizara delante de mí.

Sé también que su carbónico se apreciaba nítidamente en forma de millares finísimas burbujas y que me parecieron demasiadas para quien se había presentado como artesana. Aún veo sus tonos amarillo pajizo, fusionados con largos girones rojizos y la turbidez artesanal como si fueran un frasco de miel.

Reconozco que ya en las distancias cortas fue su aroma lo que captó mi atención. Superpuestos, acumulaba malta, cereal, cebada y lúpulo. Quizá tal desorden era lo que la aportaba un monótono pero singular sello. Avivada por el coqueteo y una vez despojada de esas vestimentas, su piel olía a alcohol y a ácido láctico como único rastro de levadura o fermentación. Entre cruces de miradas y risas cómplices fue administrando el resto de sus armas de mujer en forma de dulce, flores y frutas cítricas.

Terminó el cortejo y mi boca probó su estructura corpórea, globular y rugosa. Percibí su frescor y en nuestro primer beso llegue a intuir dulzura, melosidad y una prometedora sensación afrutada. Es más, hasta creí sentir un chispazo amargo agitando la punta de mi lengua, pero fue solo una ilusión.

Lamentablemente la llama no prendió, de golpe la química surgida entre nosotros se esfumó (o más bien, todo lo contrario) borrando tras de sí todo recuerdo a atracción. Cabizbajo, aún debía asimilar el desequilibrio ácido que acababa de descubrir y encajar que Carmen había estado aparentando ser diferente a como en realidad es.

El Arrebato versionando a Los Chunguitos canta: «Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme, para que tú te quedes con mi amor. Carmen, Carmen, Carmen, todos los días paso por tu calle, a ver si te veo».

Mi versión aboga más por el consumo moderado y responsable, y recomienda que si no quieres tropezarte con Carmen dejes de visitar los centros comerciales porque ella suele frecuentarlos.

© Fernando Terán
Catador de cervezas

Valora este artículo
(0 votos)